SALUD

Lumbalgia

Descripción:

La contractura es una contracción muscular involuntaria e inconsciente, dolorosa, permanente, localizada habitualmente en un solo músculo o en un fascículo muscular, que aparecen por una sobreutilización del músculo durante actividades intensas, o bien como un mecanismo de defensa, que aparece de manera refleja (lumbalgia, tortícolis, esguince, etc.) ante alguna alteración osteoarticular. Se trata pues, no de una patología muscular propiamente dicha, sino de un mecanismo defensivo que tiende a inmovilizar la región o el segmento osteoarticular dañado.

La lumbalgia es un dolor localizado en la región lumbar, que habitualmente se instaura de manera brusca tras un esfuerzo o un traumatismo. Suele empeorar al mover la columna, con su flexión o extensión, y mejora con el reposo. Las molestias pueden llegar a dificultar las tareas más elementales como vestirse o caminar.

Síntomas:

El cuadro es un dolor lumbar intenso, en ocasiones con molestias difundidas hacia los glúteos, que dificulta el movimiento.

¿Qué le preguntará su médico?:

Cuando aparece una lumbalgia, se debe pensar en la posibilidad de que exista un trastorno subyacente que la cause, mientras que la contractura muscular que se observa (la rigidez de los músculos de la columna) son sólo un reflejo defensivo ante el dolor. Según los casos, una artrosis, una hernia de disco, la osteoporosis, un exceso de peso, un embarazo (que supone un cambio progresivo en la postura de la mujer gestante) u otras causas pueden ser el motivo que desencadena una lumbalgia.

Diagnóstico:

Ante estos síntomas, el diagnóstico es eminentemente clínico, aunque es preciso a veces realizar radiografías u otras pruebas si se sospechan causas graves del trastorno.

Duración:

El cuadro suele remitir en una semana o 10 días.

Prevención:

Es importante instruir, a toda la población, sobre la conveniencia y la forma más adecuada de proteger su espalda mediante la enseñanza de hábitos higiénicos, tanto en el medio laboral como doméstico.

Tratamiento:

El tratamiento se basa en tomar antiinflamatorios y relajantes musculares, aplicar calor en la zona dolorosa, estiramientos progresivos y la corrección de la causa desencadenante si la hubiere. . El tratamiento debe iniciarse por un reposo corto en cama en una postura cómoda (habitualmente boca arriba y con una almohada de apoyo bajo las rodillas), junto a la toma de analgésicos o antiinflamatorios y relajantes musculares para aliviar las molestias. El calor local, con manta eléctrica o similar en la zona dolorosa, disminuye la contractura muscular y disminuye el dolor. En todo caso es preferible volver pronto y progresivamente a una vida activa, no resultando beneficioso el reposo absoluto más de tres o cuatro días. Tras una lumbalgia, se deben evitar los movimientos forzados de la columna durante un periodo de tiempo prudencial.