SALUD

Depresión

Descripción

Es un estado de ánimo triste sin una causa justificada. No es sólo estar triste, se trata de una tristeza patológica, profunda, visceral, inmotivada, o cuando existe un motivo desencadenante hay una tremenda desproporción entre este y la tristeza que el paciente padece.

La amargura del paciente depresivo abarca la totalidad de su ser, le impide realizar actividades, le desasosiega profundamente, es una losa que le acompaña noche y día y cuya única solución cree el enfermo más grave encontrarla en la muerte. Junto a esta tristeza tan especial, el depresivo presenta una larga lista de síntomas que complican su vida.

La depresión es una enfermedad que forma parte de un grupo de alteraciones denominadas genéricamente Trastornos Afectivos o del Humor.

Existen diversas clases de depresión. Una clasificación completa sería la siguiente:

  • Trastorno depresivo grave o trastorno depresivo mayor, como su nombre indica este tipo de depresiones es el más grave y se caracteriza porque sus síntomas ay que incapacitan a la persona que lo padece para realizar sus actividades de la vida diaria más básicas como dormir o disfrutar de la comida. Además las personas que presentan este cuadro clínico, no pueden llevar una actividad laboral por tener graves problemas de concentración entre otras cuestiones. Estos enfermos, necesitan tratamiento farmacológico en la fase aguda de la depresión y necesitan una terapia psicológica que suele ser prolongada en el tiempo para superarlo. Puede que una persona sólo padezca este trastorno una vez en la vida. Sin embargo, lo más común es que estos enfermos presenten episodios repetidos.
  • Trastorno distímico, también conocido como distimia se caracteriza por una larga duración más de dos años, es menos grave que la anterior y aunque no suele incapacitar a la persona con este trastorno para llevar una vida diaria “normal” si la incapacita para sentirse bien. Estos enfermos también pueden presentar alguna vez en su vida un trastorno del depresión grave.
  • Depresión postparto, característico de las mujeres que acaban de dar a luz, se suele diagnosticar en el primer mes tras el alumbramiento. Su incidencia en la población oscila entre 10-15 %.
  • El trastorno afectivo estacional, característico de la estación invernal coincidiendo con la reducción de horas de sol. Suele desaparecer en primavera verano y se puede tratar con la combinación de fármacos antidepresivos y terapia de luz.
  • Depresión psicótica, se da cuando la depresión va acompañada de una ruptura con la realidad o presencia de psicosis tales como alucinaciones etc...
  • Enfermedad maniaco depresiva o trastorno bipolar, se caracteriza por cambios cíclicos en el estado de ánimo que va desde lo más alto o estado maniaco a profundos sentimientos de tristeza o depresión.

Síntomas

La persona puede manifestar su depresión o por el contrario puede ocultarlo. Debemos sospechar que algún familiar o amigo sufre un estado depresivo no solo si así lo refiere, sino también por ciertos gestos y comportamientos característicos: está menos comunicativo que antes, se muestra fácilmente irritable, deja de hacer actividades habituales, se echa a llorar ante cualquier insinuación o descuida su aspecto físico.

Hay distintos grados de sintomatología, y no todo episodio de tristeza debe considerarse una depresión. De forma general, se considera este diagnóstico cuando la persona presente tristeza o pérdida de ilusión por las cosas (deja de hacer actividades habituales o las hace con gran esfuerzo) y esta situación se prolongue durante, al menos, dos semanas.

Es característico que el paciente deprimido relate una intensa apatía, abulia y desinterés por las actividades cotidianas. Así actos como pasear, comprar o realizar tareas domésticas cotidianas se convierten en situaciones displacenteras y problemáticas.

El ritmo del sueño se altera por un insomnio de despertar, de forma que el paciente despierta de madrugada y le es imposible conciliar de nuevo el sueño. Aparecen quejas por la dificultad para concentrarse y recordar las cosas, de forma que seguir una conversación, ver la televisión o leer un texto exige grandes esfuerzos.

Otros síntomas, como el llanto fácil, la apetencia por el aislamiento social, la desesperanza, el pesimismo, la preocupación continua, las ideas de culpa, así como una larga lista de molestias físicas (cansancio, fatigabilidad, dolores, molestias digestivas, disfunción sexual, etc.), completan el peculiar calvario de estos pacientes. A todo ello se une la incomprensión, cuando no la crítica de familiares y amigos, para configurar una experiencia de sufrimiento inigualable.

¿Qué le preguntará su médico?

El pico de edad de mayor frecuencia de la depresión es en torno de los 40 años, tal vez por considerarse socialmente esta edad como la del inicio del declive, tanto físico como personal. Tal situación puede motivar una frustración si no se han logrado los objetivos que uno tiene establecidos en la vida. Otra época crítica es el momento del abandono del hogar por los hijos (al independizarse): es el llamado síndrome del nido vacío. Los solteros/as tienen mayor incidencia. No hay una clara relación con la situación socioeconómica.

Los trastornos depresivos afectan a un 2-3% de la población, lo que supone que existen en el mundo entre 150 y 250 millones de enfermos deprimidos. Producen aproximadamente el 10-20% de las consultas que recibe el médico de cabecera y el 50% de las consultas al psiquiatra.

Se cree que es más frecuente en mujeres, aunque esta mayor frecuencia puede ser debido a que por motivos culturales las mujeres consultan más por este tema que los hombres, menos habituados a manifestar sus sentimientos.

Las causas de las alteraciones en el estado de ánimo pueden ser enormemente variadas y complejas. Para conocerlas es conveniente consultar la descripción de la enfermedad.

Diagnóstico

Se pueden dividir las “depresiones” en dos grandes grupos:

  • Depresión mayor (episodio depresivo mayor).
  • Distimia.

Doctora mirando un expediente médico por depresiónPara que una persona sea diagnosticada de depresión mayor debe de cumplir tres criterios:

  • Que tenga un estado de ánimo deprimido (disforia) importante, o bien una pérdida de la capacidad de disfrutar(anhedonia)
  • Que tenga, al menos, cuatro de los siguientes síntomas menores asociados a la depresión:
    • Alteraciones del sueño, como despertar precoz o exceso de sueño.
    • Falta de iniciativa.
    • Sentimiento de culpa o pérdida de la autoestima.
    • Cansancio, especialmente a la mañana, y que puede mejorar por la tarde.
    • Dificultad para concentrarse o para tomar decisiones.
    • Aumento o disminución de peso sin hacer régimen.
    • Ansiedad o irritabilidad, o por el contrario lentitud en los movimientos o en el habla.
    • Ideas o planes de suicidio.
    • Todos estos síntomas deben de estar presentes al menos durante dos semanas, y no pueden ser debidos una tristeza normal por algún acontecimiento de la vida, a otras enfermedades psiquiátricas o a otro tipo de enfermedades.

Prevención

Es importante tener en cuenta que hay medicamentos que pueden producir síntomas de depresión en los ancianos. Teniendo en cuenta que muchos de ellos están polimedicados, es importante que el médico conozca y revise todas y cada una de las medicinas que toma la persona.

Tratamiento

Fotografía de enfermo de depresiónEl problema del tratamiento de la depresión es que la persona que la sufre no ve salidas, ni tiene esperanzas en la solución de su problema; ante un sufrimiento tan intenso desearía soluciones rápidas que se le antojan imposibles. Frente a ello, lo primero que conviene aclarar es que la depresión es una enfermedad como otra cualquiera y que además se puede curar.

Si usted sufre una depresión o algún familiar o amigo esta en esa penosa circunstancia debe saber que actualmente existen múltiples tratamientos eficaces para esta enfermedad, que su médico debe valorar y puede proporcionarle. Dichos tratamientos son de dos grandes tipos: psicofármacos (medicamentos antidepresivos) y psicoterapia (ayuda psicológica).

De una forma simplista se puede decir que las depresiones reactivas se pueden resolver con psicoterapia, que las depresiones endógenas se curan con fármacos y que ciertas depresiones resistentes a los tratamientos convencionales se tratan con procedimientos más expeditivos (aún hoy día, pese a su “mala prensa” popular, se usa con éxito y mínimos efectos secundarios, en tales circunstancias, la terapia convulsiva).

El tratamiento con fármacos de la depresión descansa sobre ciertos pilares básicos que necesitan ser conocidos por los pacientes y sus familiares:

  • Sin ser demasiado optimistas, debe afirmarse que la mayoría de las depresiones responden a los fármacos antidepresivos. Debe superarse la actitud inicial que adoptan muchos depresivos de desconfianza ante la posibilidad de que una simple “pastilla” pueda acabar con esa tristeza tan profunda e inexplicable (si bien es cierto que el 20 % de las depresiones son resistentes a estos medicamentos y acaban cronificándose).
  • Existen varias familias de antidepresivos, con distintos mecanismos de actuación. Según las características clínicas del paciente, se escogerán unos u otros fármacos. Por desgracia, no se puede asegurar a cual va a responder mejor un determinado paciente, con lo que puede ocurrir que el primer fármaco que se administre no sea el más adecuado y se tenga que probar con otro distinto. Cuando se consigue una respuesta eficaz, se puede esperar la total recuperación de la persona, quién podrá hacer una vida nuevamente normal.
  • La paciencia con estos fármacos resulta fundamental, ya que si bien la medicación es efectiva, es lenta de actuación y la mayoría de las veces hay que esperar entre 15 y 45 días para notar la mejoría (es lo que se llama el periodo de latencia del medicamento). Por si fuera poco, durante esas semanas de aparente ineficacia el paciente puede notar efectos secundarios de la medicación, desagradables aunque no peligrosos (sequedad en la boca, visión borrosa, estreñimiento, etc.). No debe desanimarse y cometer el error de abandonar el tratamiento. Este periodo de “carga” de la medicación es imprescindible para conseguir la mejoría del ánimo.
  • El paciente debe confiar en su médico y hacer oídos sordos a comentarios del tipo “si tomas tantas medicinas, te acostumbrarás y las tendrás que tomar siempre“. Tales comentarios son absolutamente falsos, la medicación que se aconseja es la necesaria y no suele producir problemas. No crea ninguna dependencia y se retirará con el tiempo. Ello no quita que, en general, la medicación se deba seguir tomando meses después de haber notado la mejoría para evitar nuevas recaídas. ¿Cuánto?. La mayor parte de los psiquiatras aconsejan tomar los antidepresivos no menos de un año y, a veces, incluso durante largos periodos de tiempo en la vida del paciente. El motivo fundamental de no curación de la depresión es el abandono de la medicación cuando, tras 3 o 4 meses de tratamiento y de sentirse bien, se abandona este.
  • Existen dos grandes familias de antidepresivos. La ventaja fundamental de los antidepresivos clásicos (descubiertos en la década de los cincuenta y conocidos por los profesionales como tricíclicos) y sus derivados es su potencia antidepresiva y la gran experiencia con su uso. Recientemente han aparecido nuevos fármacos antidepresivos, que resultando eficaces, han conseguido reducir notablemente sus efectos secundarios en los pacientes (son los llamados inhibidores selectivos de la recaptación de la serotonina, como la fluoxetina, la paroxetina, la fluvoxamina, la sertralina y el citalopram). En pacientes que deben tomar los antidepresivos durante largos periodos de tiempo han supuesto un avance también respecto a la calidad de vida.

En cualquier caso, el lector no debe pensar que sólo los fármacos antidepresivos son las únicas armas para combatir las depresiones. El apoyo psicológico resulta fundamental. Independientemente de lo que la psicoterapia profesional pueda aportar al paciente, interesa más conocer el papel que en este sentido juega el entorno del enfermo, es decir, su familia y sus allegados.

Normalmente los familiares y amigos que rodean al deprimido también sufren y se desesperan por un comportamiento “tan irracional” del paciente. Y lo que es peor, “culpabilizan” al enfermo de no poner de su parte todo lo posible para mejorar. Estos sentimientos son absurdos. ¿Podría incriminarse a un hipertenso que no tiene voluntad para bajar su tensión arterial?. Pues cuando se pide al depresivo que un esfuerzo para animarse, resulta igual de inútil. Y lo que es peor, la insistencia a que “se anime”, a que salga a pasear o que se relacione con gente, lejos de mejorar puede empeorar la situación. Todos esos esfuerzos obligan al paciente a “disimular” su malestar, lo que provoca una tensión sobreañadida y un retroceso en la curación .No se debe “forzar” la diversión en un paciente depresivo. La mejor psicoterapia que se puede hacer es entender la impotencia del enfermo ante su depresión, asumir que se trata de una enfermedad sin más y confiar en los médicos y en los medicamentos prescritos. En definitiva debemos ponernos en lugar del que sufre y, con grandes dosis de paciencia y cariño, ayudarle a afrontar su drama personal. Se deben valorar y celebrar junto al deprimido las pequeñas mejorías que se vayan sucediendo en la evolución.

Por último, recordar que los fármacos antidepresivos sólo mejoran el ánimo en el caso de que exista una depresión. No son “drogas de la felicidad”, de modo que si se toman por un paciente sano no producen ningún efecto beneficioso pero sí exponen a los posibles efectos tóxicos de todo medicamento. Valga este comentario como crítica al desenfrenado uso y abuso que de algunos fármacos se ha hecho en tiempo reciente (como el famoso ProzacÒ - fluoxetina).

Los medicamentos antidepresivos no “enganchan”.

Se toman durante meses y luego se suprimen sin dificultad cuando ya no estén indicados

¿Cuándo debe de acudir al médico?

En una persona que previamente no ha tenido problemas de depresión y aparece en un momento en que no parece haber problemas externos, hay que buscar causas orgánicas (enfermedades físicas) que puedan motivar estos síntomas. Enfermedades que pueden producir síntomas depresivos son el hipotiroidismo (producción disminuida de hormonas tiroideas), el alcoholismo, el consumo de algunos fármacos (como algunos medicamentos para la hipertensión arterial), el inicio de la enfermedad Parkinson o de una demencia.

Desgraciadamente, y pese a ser una enfermedad realmente grave e invalidante, una gran mayoría (89%) de los pacientes que sufren un trastorno depresivo a lo largo de su vida, no consultan por este motivo con ningún médico ni reciben tratamiento por ello. De hecho, aunque la enfermedad se conoce desde la más remota antigüedad (Hipócrates, hace cientos de años, la describió con el nombre de “Melancolía”), continua resultando mal entendida por los propios pacientes y un padecimiento irritante para todos los que rodean al enfermo.