· Plataforma Española por el Daño Cerebral Adquirido
Cada año, miles de personas sobreviven a un ictus, un traumatismo craneoencefálico u otras lesiones cerebrales gracias a los avances médicos. Sin embargo, superar la fase aguda es solo el comienzo de un proceso de recuperación en el que el acceso temprano a una rehabilitación especializada puede resultar determinante para recuperar la autonomía y la calidad de vida.
Con motivo del Día Nacional del Daño Cerebral Adquirido, que se celebra el 26 de octubre, la Plataforma Española por el Daño Cerebral Adquirido pone el foco en la importancia de garantizar la continuidad asistencial tras el alta hospitalaria y facilitar el acceso a programas de neurorehabilitación que permitan aprovechar al máximo el potencial de recuperación de las personas afectadas.
En España, más de 650.000 personas viven con discapacidad derivada de un daño cerebral adquirido, provocado principalmente por ictus, aunque también por traumatismos craneoencefálicos, anoxias, tumores cerebrales o determinadas infecciones. Se trata de una realidad que puede transformar de manera repentina la vida de quienes la sufren y la de sus familias, al afectar a capacidades físicas, cognitivas, emocionales y de comunicación.
«La recuperación depende mucho del tiempo en el que se interviene. Si empezamos tarde, la capacidad de recuperación es mucho menor. Pero cuando actuamos pronto, muchas personas vuelven a hacer una vida autónoma e incluso algunas consiguen reincorporarse al trabajo», explica Rubén Rodríguez Duarte, presidente de la Plataforma Española por el Daño Cerebral Adquirido y neuropsicólogo con más de tres décadas de experiencia en neurorehabilitación.
El primer año, una etapa decisiva para la recuperación
Uno de los principales mensajes que la Plataforma quiere trasladar en esta jornada es la importancia de actuar durante los primeros meses posteriores a la lesión cerebral, especialmente durante el primer año, cuando los mecanismos de neuroplasticidad ofrecen importantes oportunidades para recuperar o compensar funciones afectadas.
Para aprovechar este periodo, la Plataforma considera fundamental avanzar hacia programas de rehabilitación intensiva y multidisciplinar, adaptados a las necesidades de cada paciente, que integren fisioterapia, terapia ocupacional, logopedia y neuropsicología.
En este sentido, la entidad destaca la conveniencia de reforzar la coordinación entre los servicios hospitalarios, los recursos de rehabilitación y los servicios sociales, de manera que el alta médica no suponga una interrupción del proceso de recuperación.
Aunque la atención hospitalaria ha experimentado importantes avances, el acceso posterior a recursos especializados continúa presentando dificultades y diferencias territoriales. Por ello, la Plataforma propone impulsar circuitos asistenciales específicos para el daño cerebral adquirido en todas las comunidades autónomas, tomando como referencia las experiencias y recursos que ya existen en algunos territorios.
El objetivo es favorecer una atención más homogénea y facilitar que todas las personas puedan acceder a los tratamientos que necesitan, con independencia de su lugar de residencia o de sus circunstancias económicas.
Más allá de las secuelas físicas: recuperar la vida cotidiana
La Plataforma recuerda que las consecuencias de un daño cerebral adquirido no siempre son visibles. Junto a las dificultades motoras, muchas personas presentan alteraciones de memoria, atención, lenguaje, comportamiento o capacidad para tomar decisiones, que pueden condicionar profundamente su autonomía y sus relaciones personales.
Por ello, considera especialmente importante incorporar la atención neuropsicológica a los procesos de rehabilitación, con el fin de abordar de forma integral las distintas secuelas de la lesión cerebral.
«La mayor incapacidad muchas veces no la genera el déficit físico, sino el cognitivo. Hay personas que pueden volver a caminar, pero tienen problemas de memoria, de conducta o para tomar decisiones», señala Rodríguez Duarte.
La recuperación, por tanto, no debe medirse únicamente en términos de movilidad o mejoría clínica, sino también por la capacidad de las personas para desenvolverse en su entorno, recuperar sus relaciones sociales, participar en las actividades cotidianas y, cuando sea posible, reincorporarse al ámbito laboral.
Las familias, una parte esencial del proceso
El daño cerebral adquirido también tiene un profundo impacto en el entorno familiar. Su aparición suele ser repentina y obliga a reorganizar la vida cotidiana, asumir nuevas responsabilidades de cuidado y afrontar importantes cambios emocionales, sociales y económicos.
En este contexto, la Plataforma considera necesario que la atención integral contemple también el acompañamiento y la orientación a las familias desde las primeras fases, así como el acceso a recursos de apoyo, la adaptación de las viviendas cuando sea necesaria y la agilización de los procedimientos de valoración de la dependencia.
Además de mejorar la calidad de vida de las personas afectadas y sus familias, invertir en rehabilitación temprana puede contribuir a reducir las situaciones de dependencia y las necesidades de atención sanitaria y social a largo plazo.
En el Día Nacional del Daño Cerebral Adquirido, la Plataforma quiere trasladar un mensaje de sensibilización y compromiso compartido, poniendo en valor los avances de la atención sanitaria y la importancia de seguir fortaleciendo la colaboración entre administraciones, profesionales sanitarios, entidades sociales y asociaciones de pacientes.