· Plataforma Española por el Daño Cerebral Adquirido
Cada año, miles de personas sobreviven a un ictus, un traumatismo craneoencefálico u otras lesiones cerebrales gracias a los avances médicos. Sin embargo, superar la fase aguda es solo el inicio de un proceso de recuperación en el que el acceso temprano a una rehabilitación especializada puede resultar determinante para recuperar la autonomía y mejorar la calidad de vida.
Con motivo del Día Nacional del Daño Cerebral Adquirido, la Plataforma Española por el Daño Cerebral Adquirido pone el foco en la necesidad de garantizar la continuidad asistencial tras el alta hospitalaria y facilitar el acceso a programas de neurorehabilitación que permitan aprovechar al máximo el potencial de recuperación de las personas afectadas.
En España, más de 650.000 personas viven con discapacidad derivada de un daño cerebral adquirido, provocado principalmente por ictus, aunque también por traumatismos craneoencefálicos, anoxias, tumores cerebrales o determinadas infecciones. Se trata de una realidad que puede transformar de forma repentina la vida de las personas afectadas y de sus familias, al impactar sobre capacidades físicas, cognitivas, emocionales y de comunicación.
«La recuperación depende mucho del tiempo en el que se interviene. Si empezamos tarde, la capacidad de recuperación es mucho menor. Pero cuando actuamos pronto, muchas personas vuelven a hacer una vida autónoma e incluso algunas consiguen reincorporarse al trabajo», explica Rubén Rodríguez Duarte, presidente de la Plataforma Española por el Daño Cerebral Adquirido y neuropsicólogo con más de tres décadas de experiencia en neurorehabilitación.
El primer año, una etapa decisiva para la recuperación
Uno de los principales mensajes que la Plataforma quiere trasladar en esta jornada es la importancia de actuar durante los primeros meses posteriores a la lesión cerebral, especialmente durante el primer año, cuando los mecanismos de neuroplasticidad ofrecen importantes oportunidades para recuperar o compensar funciones afectadas.
Para aprovechar este periodo, la entidad considera fundamental impulsar programas de rehabilitación intensiva y multidisciplinar, adaptados a las necesidades de cada persona e integrados por profesionales de fisioterapia, terapia ocupacional, logopedia y neuropsicología.
La Plataforma también destaca la necesidad de reforzar la coordinación entre los servicios hospitalarios, los recursos de rehabilitación y los servicios sociales para evitar que el alta médica suponga una interrupción del proceso de recuperación.
Aunque la atención hospitalaria ha experimentado importantes avances en los últimos años, el acceso a recursos especializados tras el alta continúa presentando dificultades y desigualdades territoriales. Por ello, la entidad propone impulsar circuitos asistenciales específicos para el daño cerebral adquirido en todas las comunidades autónomas, tomando como referencia las experiencias ya desarrolladas en algunos territorios.
El objetivo es facilitar una atención más homogénea y garantizar el acceso a los tratamientos necesarios independientemente del lugar de residencia o de la situación económica de cada persona.
Más allá de las secuelas físicas: recuperar la vida cotidiana
La Plataforma recuerda que las consecuencias del daño cerebral adquirido no siempre son visibles. Además de las limitaciones motoras, muchas personas pueden presentar alteraciones de memoria, atención, lenguaje, conducta o capacidad para tomar decisiones, afectando significativamente a su autonomía y a sus relaciones personales.
Por este motivo, la entidad considera esencial que la atención neuropsicológica forme parte de los procesos de rehabilitación para abordar de manera integral las distintas secuelas de la lesión cerebral.
«La mayor incapacidad muchas veces no la genera el déficit físico, sino el cognitivo. Hay personas que pueden volver a caminar, pero tienen problemas de memoria, de conducta o para tomar decisiones», señala Rodríguez Duarte.
La recuperación no debe medirse únicamente por la mejoría física o clínica, sino también por la capacidad de las personas para desenvolverse en su entorno, recuperar sus relaciones sociales, participar en actividades cotidianas y, cuando sea posible, reincorporarse a la vida laboral.
Las familias, una parte esencial del proceso
El daño cerebral adquirido tiene también un profundo impacto en el entorno familiar. Su aparición suele ser repentina y obliga a reorganizar la vida cotidiana, asumir nuevas responsabilidades de cuidado y afrontar importantes cambios emocionales, sociales y económicos.
En este contexto, la Plataforma considera necesario que la atención integral incluya acompañamiento y orientación a las familias desde las primeras fases del proceso, así como el acceso a recursos de apoyo, la adaptación de viviendas cuando resulte necesario y la agilización de los procedimientos de valoración de la dependencia.
Además de mejorar la calidad de vida de las personas afectadas y sus familias, la inversión en rehabilitación temprana contribuye a reducir las situaciones de dependencia y las necesidades de atención sanitaria y social a largo plazo.