Mujer con discapacidad y sin empleo: la nueva (o no tan nueva) normalidad

Artículo por el Día del Trabajo 2021, elaborado por la Federación ASPACE GALICIA, que por su interés reproducimos en el área en Discapnet: Empleo

Fuente: Federación ASPACE Galicia

Ángeles Lema, responsable el Programa de Empleo y Formación de Federación ASPACE Galicia“Siempre he tenido que luchar mucho más que los demás para que me considerasen, como mucho, igual, y demostrarlo siempre; que valía, que sabía lo que hacía…”, reflexiona Fernanda Arrojo sobre su experiencia en el mundo laboral. Mujer con discapacidad usuaria de ASPACE Lugo, una de las cuatro asociaciones de personas con parálisis cerebral que existen en Galicia, esta trabajadora social reconoce haber vivido en primera persona la dificultad añadida de buscar, encontrar y mantener un empleo siendo una profesional con parálisis cerebral.

La inserción laboral de personas con discapacidad en plena igualdad de inclusión es un derecho y una meta recogida en múltiples marcos legislativos. A nivel global, con los Objetivos de Desarrollo del Milenio, y en el ámbito europeo o estatal, el compromiso está claro en el papel, pero, en la práctica, la realidad es otra. “Empezando por las barreras arquitectónicas y de transporte y terminando con las barreras mentales y los prejuicios sociales”, se queja Fernanda.

Los datos estadísticos suelen ser, año tras año, el espejo de esta realidad. Según el último Informe 2020 del Mercado de Trabajo de las Personas con Discapacidad del Servicio Público de Empleo Estatal (SEPE), el desempleo afectó en 2019 a un 15,06% de la población sin discapacidad, mientras que lo hizo en un 25,2% al colectivo con discapacidad. Y el binomio “mujer con discapacidad y desempleo” ahonda aún más la diferencia. Según el mismo informe, de los casi 355.000 contratos que firmaron personas con discapacidad en el 2019, tan sólo algo más de 136.000 corresponden a mujeres. En Galicia, se emplearon casi el doble de hombres con discapacidad que mujeres en la misma situación.

Lo corrobora también el informe (enero 2021) ‘El empleo de las Personas con Discapacidad’ del Instituto Nacional de Empleo (INE), que indica que “la tasa de paro entre el colectivo de la mujer con discapacidad fue en 2020 superior a la de los hombres en 1,2 puntos”.

4.000 euros menos al año si eres mujer con discapacidad

Las desigualdades en la retribución salarial también son una reivindicación constante del colectivo. Como muestra el informe número 5 (datos entre 2012-2019) del Observatorio sobre Discapacidad y Mercado de Trabajo en España (ODISMET) de la Fundación ONCE, “desde 2010 el salario de los/as trabajadores/as con discapacidad se ha reducido en 827 euros, con un incremento tan sólo en 2017, mientras que la misma variable registra una mejora leve pero sostenida en la población general”.

La lectura de los datos con perspectiva de género sigue evidenciando la desigualdad, ya que, pese a estar mejor formadas, las mujeres empleadas con discapacidad ingresaron casi 4.000 euros al año menos que sus compañeros. Así lo expone Paula Pereiro, una coruñesa residente en Vigo y persona con parálisis cerebral usuaria de la Asociación de Familias de Persoas con Parálise Cerebral (APAMP) de esta ciudad. Con educación secundaria y formada en diseño gráfico y contabilidad, denuncia que “las empresas no se molestan en conocer nuestras capacidades y, si nos contratan, nos pagan muy poco”.

Para las personas con parálisis cerebral se suman, además, las dificultades propias de esta discapacidad. Una de cada diez, por ejemplo, presenta dificultades del habla, ya que la lesión sufrida puede incidir en su capacidad intelectual y/o a la habilidad de controlar los músculos que intervienen en el proceso de la comunicación oral. La reacción a esta circunstancia puede manifestarse en forma de minusvaloración de las capacidades de estas personas, como es el caso de Fernanda, quien denuncia cómo “en una empresa no me dejaban hablar por teléfono”.

Sin embargo, y pese a la discriminación que sufren algunas mujeres y al esfuerzo extra por demostrar su valía, la experiencia de muchas profesionales con parálisis cerebral en sus puestos de trabajo es altamente positiva para su autoestima, lo que da cuenta de su enorme afán de superación y de la importancia de introducir mecanismos de sensibilización hacia este colectivo en las empresas. “Trabajar nos hace más útiles, y nos hace sentir que valemos para lo que hacemos”, afirma Verónica Aguiar, persona usuaria del Programa de Empleo y Formación de la Federación de Asociaciones de Personas con Parálisis Cerebral (Federación ASPACE Galicia).

Este mismo programa forma parte en la actualidad de un grupo de trabajo del Movimiento ASPACE enfocado en la elaboración de una Guía de Orientación para empresas en la contratación y apoyo a personas con parálisis cerebral, una iniciativa precisamente alineada con la necesidad de concienciar al tejido empresarial de las capacidades y necesidades del colectivo.

Mejor formadas que ellos, pero con más trabas

El pez que se muerde la cola en este asunto es la escasa presencia de personas con discapacidad en niveles educativos superiores, lo que incide de manera directa en sus posibilidades de empleo. Con un mercado laboral cada vez más competitivo, la falta de formación disminuye las oportunidades laborales. El Programa de Empleo y Formación de Federación ASPACE Galicia analizó en 2018 los perfiles de las personas con parálisis cerebral que solicitaron asesoría y acompañamiento y evidenció que sólo un 7% de los mismos contaban con estudios de grado superior o universitarios.

Sin embargo, la tendencia de los últimos años revela un mayor nivel formativo de la mujer con discapacidad. Así lo confirma el mismo informe del INE, que calcula en un 20,2% de mujeres son graduadas superiores, frente al 14,4% de hombres.

Pero si la mujer con discapacidad están mejor formadas que nunca, ¿por qué persiste el menor acceso al mercado laboral de ellas? Para Ángeles Lema, responsable del Programa de Empleo y Formación de Federación ASPACE Galicia, la respuesta es muy clara: los trabajos que se ofrecen a las personas con discapacidad suelen ser poco cualificados. Aunque las personas tengan las habilidades necesarias, “aún hay empresas donde no se nos permite la entrada”, afirma.

Se trata de barreras arquitectónicas, con lugares de trabajo no accesibles a sillas de ruedas o andadores, pero también de una “barrera mental” en cuanto a la “imagen” que dan las personas con parálisis cerebral, a las que se veta en puestos que exigen atención o contacto con el público. Lo denuncia Ángeles Lema, al revelar que “hay empresas en las que nos piden personas con discapacidad no visible, como si eso se pudiera borrar”. Así lo corrobora Fernanda, a quien relevaron en un trabajo de toda labor frente al público porque decían que “me iban a ver como un monstruo”.

Una brecha aún más profunda con la pandemia

Nanda Bello, Verónica Aguiar, Fernanda Arrojo y Paula Pereiro, personas usuarias de entidades ASPACE GaliciaSi la fórmula discapacidad-empleo en nuestro país no ha sido necesariamente proporcional a lo largo de los años, la irrupción de la pandemia ha venido a ahondar la brecha. Según el reciente informe “Efectos y consecuencias de la crisis de la Covid-19 entre las personas con discapacidad” del Observatorio de Discapacidad y Mercado de Trabajo (ODISMET) de la Fundación ONCE, un 3% de las personas empleadas en nuestro país ha sufrido un ERTE, según datos oficiales, una cifra que contrasta enormemente con el 37% de las personas con discapacidad encuestadas para el estudio que se encuentran en la misma situación.

El hecho confirma, aún con la cautela a la que ODISMET apela a la hora de interpretar unos datos oficiales que pueden no recoger el alcance real del impacto, que “el efecto (de la pandemia) sobre el colectivo (de personas con discapacidad) es notablemente superior”.

El informe analiza también este impacto en la destrucción de puestos de trabajo, evidenciando que un 12% de las personas encuestadas declaran haber perdido su empleo a causa del COVID-19 y sus consecuencias. Y señala abril de 2020 como el mes que registró una caída del 74% en el número de contratos específicos a personas con discapacidad, el mayor descenso de los últimos 14 años, lo que la Fundación califica como “un escenario desalentador”.

Según la Fundación ONCE, el 47% de las personas encuestadas para su informe considera que le resultará muy complejo encontrar un empleo. Y la dificultad no sólo radica en encontrarlo, sino en mantenerlo bajo condiciones justas e igualitarias. Ya en su Nota Informativa de junio de 2020 alertaba la Organización Internacional del Trabajo (OIT) de la necesidad de “garantizar la inclusión de las personas con discapacidad en todas las etapas de la respuesta a la pandemia”.

Es decir, no sólo protegerlas frente al contagio, sino asegurarse de que estas personas puedan continuar con su desarrollo profesional durante la crisis y cuenten con medidas específicas de apoyo y protección social mientras desarrollan sus obligaciones laborales.

La Fundación CERMI Mujeres (Comité Español de Representantes de Personas con Discapacidad) alertaba, en esa misma fecha, del “grave impacto” de la pandemia en el derecho al empleo de las mujeres con discapacidad. La misma serie del webinar “No estás sola” de la entidad, en este caso ya en febrero de 2021, concluía que el teletrabajo “saca a la luz los retos de la mujer con discapacidad y madres y cuidadoras de familiares con discapacidad”, ya que acentúa posibles impactos en su salud física o psíquica, y pone de relieve la brecha digital al exigir altas competencias técnicas que muchas mujeres con discapacidad pueden no tener debido a su condición física, cognitiva o incluso a su posibilidad de formación específica.

Pese a todo, ellas siguen siendo imparables

Ahora, más que nunca, se hace necesario visibilizar el problema y trabajar en las soluciones y los compromisos, para no dar marcha atrás y continuar suspendiendo una asignatura que aún sigue pendiente. Ellas, pese al escenario poco prometedor, no decaen en su capacidad de autosuperación. Muchas mujeres con parálisis cerebral continúan avanzando en su formación y en su lucha personal por abrirse paso en el mercado laboral y conseguir así, una inclusión social real y efectiva.

Son imparables, es lo que las define, y son conscientes de que tener un empleo facilita realizarse como persona. Fernanda enumera múltiples beneficios de acceder a un puesto de trabajo, entre los que destaca la “normalización de la vida, como persona activa y productiva, permite la autonomía y la independencia económica, mejora la autoestima y el reconocimiento social”. Trabajar “es bueno para el alma”, resume Nanda Bellomujer con discapacidad también usuaria de APAMP, con una frase contundente al mismo nivel que la de Paula Pereiro, también de APAMP: “(Trabajar) me sirvió para aprender muchas cosas y descubrir que podía hacer más cosas de las que pensaba”.

Verónica está preparando oposiciones con el apoyo de un nuevo grupo de estudio del Programa de Empleo y Formación de Federación ASPACE Galicia. Ella y sus compañeras reconocen las ventajas del empleo público y están haciendo un verdadero esfuerzo por conseguir una plaza de subalterno/a reservada a personas con discapacidad intelectual en la Diputación de Pontevedra.  Así son ellas, siempre adelante. Hacia atrás, ¡ni para coger impulso!.

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