SALUD

Apoyar preferencias que implican riesgos

Artículo que por su interés reproducimos un breve detalle y dando a continuación el acceso al artículo completo.

Apoyar preferencias que implican riesgos. Por Teresa Martínez

Perfil de una cara de mujer con diferentes formas y colores a su alrededorLa Atención Centrada en la Persona busca apoyar la autonomía de las personas y ello implica asumir ciertos riesgos en el cuidado y en la vida cotidiana. El riesgo es algo inherente a la vida y al desarrollo personal. Vivir conlleva siempre riesgos.

Este planteamiento, en el contexto de cuidados a personas en situación de fragilidad o dependencia nos enfrenta a situaciones complejas.  En la asistencia cotidiana en centros y también en casa se producen situaciones en las que tomar decisiones, o dejar que las personas decidan, no es tan fácil. Situaciones donde entra en conflicto la libertad de la persona con su seguridad (o la de otros).

Como profesionales tenemos la obligación de proteger a quienes están en una situación de alta vulnerabilidad y evitar el daño. Surgen preguntas:  ¿evitar todos los riesgos es posible? ¿cómo? ¿siempre? ¿cuándo? ¿a costa de qué? Nos movemos entre la obligación de no maleficencia, la promoción de la autonomía y la búsqueda del bienestar subjetivo de la persona. Objetivos todos ellos importantes en el cuidado.

Sin pretender solucionar este nudo, me gustaría en este post compartir algunas reflexiones.

Apoyar las preferencias que implican riesgos, un proceso importante en la aplicación de modelos ACP,  individual y único

Las situaciones que afectan a la seguridad de las personas que cuidamos nos producen temor. A las familias y también a los/as profesionales. Tendemos a buscar respuestas que nos den tranquilidad, tomando en ocasiones como criterio único la seguridad y optando  por las soluciones uniformes o protocolizadas (si tienen demencia no pueden salir solos nunca, si tienen riesgo de caerse se aplica el protocolo de sujeción física, si beben en exceso se les prohíbe el alcohol…).

Se observa  la  tendencia a  tomar medidas idénticas ante situaciones que catalogamos como semejantes aunque en realidad no lo sean. Esto nos lleva hacia actuaciones poco personalizadas y, por tanto, con alta probabilidad de resultar poco acertadas. La idea del protocolo de actuación uniforme aquí no vale. Tener un  protocolo “a seguir”, que nos diga qué hacer ante una situación difícil, nos tranquiliza además de justificar ante los demás y ante nosotros mismos lo que hacemos (aun cuando no acabemos de verlo del todo bien...).

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