SALUD

Impotencia

Descripción:

La impotencia es la imposibilidad de alcanzar y/o mantener una erección de suficiente rigidez que permita una relación sexual satisfactoria.

Es causa de esterilidad en algunos casos por la dificultad para mantener relaciones sexuales con coito y depositar adecuadamente el semen en el la entrada del cuello uterino.

La erección se inicia habitualmente a través de un mecanismo psicológico que se desencadena por estímulos de muy diversa índole: visual, auditivo, olfatorio, imaginativo... También se pueden poner en marcha a través de un mecanismo reflejo, independiente de la voluntad del sujeto, desencadenado por estímulos sensoriales a nivel genital.

Tanto por estímulo sensorial como psicológico se produce un aumento del flujo sanguíneo hacia el pene, entrando sangre a alta presión en los cuerpos cavernosos. Éstos son unos espacios vasculares lacunares que rodean la uretra peneana y que actúan a modo de esponja, llegando a triplicar su tamaño con la afluencia del torrente sanguíneo. El pene aumenta su longitud y grosor, poniéndose rígido y permitiendo de este modo la penetración en la vagina femenina y el depósito de los espermatozoides en la entrada del cuello uterino en la eyaculación.

Una vez que el estímulo sexual cesa o sobreviene la eyaculación, el flujo de sangre arterial hacia el pene disminuye mientras que aumenta la evacuación de la misma a través de las venas.

El sistema nervioso periférico es el encargado de controlar estos procesos de aumento y disminución del flujo de sangre regulando el calibre de los vasos sanguíneos peneanos a través de unos mediadores químicos denominados catecolaminas.

Un ambiente hormonal adecuado (niveles de testosterona) es también necesario para que todo el proceso se desarrolle con normalidad, desde el deseo sexual hasta la eyaculación y detumescencia del pene.

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¿Qué le preguntará su médico?:

Entre los varones jóvenes se calcula que unos 5-6% padecen impotencia. Este porcentaje llega al 50% a partir de los 70 años.

De forma simplificada podemos decir que los estímulos eróticos ponen en marcha el mecanismo psicógeno necesario para iniciar la erección y que el mecanismo reflejo, denominado arco reflejo sacro, es imprescindible para el mantenimiento de la erección durante el tiempo que dura el acto sexual. Si el arco reflejo no está intacto, como ocurre por ejemplo en los enfermos parapléjicos, aunque las erecciones tras estímulo erótico se produzcan, el mantenimiento de la tumescencia y rigidez del pene están comprometidos, perdiéndose rápidamente la erección una vez alcanzada. En otras ocasiones el arco reflejo está intacto y, aunque se producen erecciones tras el estímulo táctil del pene, están ausentes las erecciones tras estímulo erótico.

En resumen podemos decir que en la iniciación y mantenimiento de la erección están implicados el sistema nervioso (central y periférico), el sistema vascular (arterias y venas) y el sistema hormonal. Cualquier fallo en alguno de estos niveles puede ser causa de impotencia.

Impotencia de origen psicógeno:

Sólo de un 10 a un 20% de los pacientes impotentes pertenecen a este grupo. Cuanto más joven es un paciente, más posibilidades tiene de que su impotencia sea de origen psicógeno.

Los principales factores inhibidores de la erección son la ansiedad y la depresión, que impiden la relajación del paciente previa a la excitación sexual. El paciente vive las relaciones sexuales con una gran ansiedad premonitoria que en general contribuye a empeorar la situación, cerrando el círculo vicioso de ansiedad-impotencia-mayor ansiedad-empeoramiento del problema de impotencia.

Estos pacientes requieren una ayuda psicológica específica y deben ser remitidos a un especialista.

En todo caso no debe olvidarse que, aunque la causa de la impotencia sea orgánica o por un problema fisiológico demostrado, las dificultades para la erección van a producir en el paciente gran ansiedad en el momento de mantener relaciones sexuales y esto puede agravar su problema orgánico. Por eso el apoyo psicológico y la comprensión por parte de la pareja forman parte muy importante del tratamiento de todo tipo de impotencia.

Impotencia de origen hormonal:

En los seres humanos la potencia sexual va a depender en gran parte de un ambiente hormonal adecuado. Una reducción en los niveles de testosterona puede llevar a una pérdida del deseo sexual y a una reducción de la función eréctil.

El descenso de la secreción de testosterona por los testículos con la edad es uno de los factores que contribuye a la disminución del interés y actividad sexual en las personas mayores, junto con otros factores sociales y corporales.

Impotencia de origen neurógeno:

Cualquier alteración en las vías nerviosas que participan en el control de la erección dará lugar a una impotencia.

Enfermedades que afectan al cerebro de muy diversas maneras pueden ser causa de impotencia: traumatismos craneales, trombosis cerebrales, tumores, demencias, enfermedad de Parkinson...

Otros procesos que afectan a la médula espinal contribuirán a la pérdida del arco reflejo sacro, imprescindible para el mantenimiento de la erección. Los casos más frecuentes se dan en personas que sufren un traumatismo espinal brusco y quedan parapléjicos.

Cuando los afectados son los nervios periféricos, que llevan los estímulos nerviosos desde el sistema nervioso central hasta el aparato genital, también se producirá alteración de la función eréctil. Enfermedades como la diabetes, sobre todo si no se trata adecuadamente, puede acabar produciendo una lesión irreversible del sistema nervioso periférico, causando impotencia. El alcohol también lesiona las terminaciones nerviosas y produce el mismo efecto.

Impotencia de origen arterial:

La erección del pene depende directamente de la llegada de sangre arterial en cantidad suficiente y con la presión adecuada hasta el aparato genital. Cualquier enfermedad que produzca daño o deterioro de las arterias comprometerá el flujo sanguíneo hacia el pene, pudiendo ser causa de impotencia. La arterioesclerosis, la diabetes y la hipertensión son las enfermedades más frecuentemente implicadas en este tipo de disfunción eréctil.

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Tratamiento:

El tratamiento dependerá de la causa y va desde la terapia psicológica hasta la utilización de prótesis peneanas.

El paciente tendrá que suspender el consumo de todos aquellos tóxicos que puedan estar influyendo negativamente en su capacidad eréctil, principalmente el tabaco, el alcohol y las drogas.

Si ya ha sido diagnosticado de alguna enfermedad que pueda a la larga inducir impotencia como la diabetes o la hipertensión, la mejor forma de prevenir su desarrollo será controlar estrictamente ambos problemas con tratamientos médicos adecuados.

El tratamiento con hormonas sólo estará justificado en los casos en los que se demuestre una alteración o déficit a ese nivel. Cuando la causa de la impotencia es un déficit de testosterona, se puede instaurar un tratamiento sustitutivo inyectando la hormona periódicamente en la cantidad adecuada.

En algunos casos en los que el problema es fundamentalmente vascular se utiliza la inyección intracavernosa de fármacos que producen la dilatación de los cuerpos cavernosos del pene, facilitando la afluencia de sangre. El paciente realiza por sí mismo la inyección un rato antes de la relación sexual con un sencillo instrumental y después de haber sido adiestrado por el médico. Los resultados son buenos y la técnica suele tener buena aceptación entre los pacientes.

Recientemente se ha aprobado un nuevo producto para el tratamiento de la impotencia. Se trata de un fármaco de administración oral cuyos efectos consisten en mejorar los niveles de ciertos mediadores químicos fisiológicos que intervienen en el inicio y mantenimiento de la erección. Se trata del sildenafil (de nombre comercial VIAGRA), que ha demostrado su utilidad en el tratamiento de impotencias orgánicas y psicológicas.

Los aparatos de vacío con un medio mecánico de producir y mantener la erección. Consisten en un cilindro de plástico donde se introduce el pene. Mediante una bomba de vacío conectada a este cilindro se consigue el llenado de los cuerpos cavernosos y la erección, que posteriormente se mantiene mediante una banda de goma que se coloca en la base del pene. El principal inconveniente de este sistema es su aparatosidad que puede hacer perder espontaneidad en la relación sexual.

Las prótesis de pene existen desde principios de siglo y a lo largo de los años se han ido desarrollando artilugios de lo más variopinto. Actualmente las que mayor aceptación tienen son las prótesis hidráulicas. Consisten en dos cilindros hinchables que se colocan en cada uno de los cuerpos cavernosos mediante un sencillo procedimiento quirúrgico, un receptáculo lleno de líquido y una bomba de llenado. En el momento de la relación sexual el paciente puede activar la bomba y llenar de líquido los cilindros. De este modo consigue el aumento del tamaño y rigidez del pene como si de una verdadera erección se tratase, volviendo a sus dimensiones normales cuando el paciente desactiva el sistema.

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¿Cuándo debe de acudir al médico?:

Hace años este problema apenas era motivo de consulta al especialista, mientras que en las últimas décadas se ha observado un aumento en el número de varones que acuden a su médico para intentar solucionar su problema. Esto no quiere decir que se haya incrementado el número de hombres impotentes, sino que refleja más bien un cambio de actitud en la sociedad frente a un problema que es causa relativamente frecuente de esterilidad masculina.

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