SALUD

Síndrome de las piernas inquietas

Descripción

El síndrome de piernas inquietas es un trastorno del sueño  que consiste en un mal reposo nocturno secundario a la necesidad imperiosa de mover las piernas debido a sensaciones molestas en estas.

Epidemiología y causas

Mujer tomando una taza de teEs un trastorno mal conocido por la población general, a pesar de su relativa frecuencia, ya que supone n porcentaje importante de los trastornos del sueño (2-4%). Es más frecuente en mujeres, a partir de los 50 años.

La causa es desconocida, aunque se ha demostrado que existe un componente hereditario. Las teorías más contrastadas, proponen como mecanismo patológico una alteración en los sistemas dopaminérgicos (un importante neurotransmisor del sistema nervioso central).

Este síndrome puede estar relacionado con otras patologías, y de hecho es más frecuente en pacientes con anemia debida a déficit de hierro, así como en pacientes con enfermedades reumatológicas (fibromialgia, artritis reumatoide), diabetes, insuficiencia renal crónica, neuropatía periférica u otros trastornos del sueño. También aumenta su incidencia durante el tercer trimestre del embarazo; con el tratamiento con antidepresivos, antagonistas dopaminérgicos, antihistamínicos o litio; o con el consumo de bebidas alcohólicas o que contengan cafeína.

Clínica

Persona con las piernas hacia arriba apoyadas contra una paredEl trastorno consiste en la aparición de molestias fundamentalmente en las piernas, en la región gemelar, aunque también pueden darse en los brazos, que provocan una necesidad imperiosa de movimiento. Estas molestias son descritas por los pacientes como sensaciones de origen profundo, de diversas características: dolor, ardor, hormigueos, sensación de adormecimiento.

Aparecen en reposo, cuando el paciente está tumbado o sentado, con un patrón rítmico a lo largo del día: las molestias aparecen de manera típica al atardecer o por la noche, y desaparecen durante el día y con la actividad. Algunos pacientes refieren mejoría con maniobras sensitivas, como masajes o baños de agua caliente o fría.

Estas molestias interfieren con el reposo nocturno, ya que dificultan el inicio del sueño y producen despertares frecuentes, con fragmentación del sueño. Esto conduce a alteraciones diurnas como somnolencia, depresión e irritabilidad.

Diagnóstico

Es fundamentalmente clínico. Para llegar al diagnóstico, se han de cumplir los siguientes criterios:

  • Necesidad imperiosa de movilizar las piernas debido a sensaciones molestas.
  • A parición de los síntomas en reposo, sentado o tumbado.
  • Mejoría de los síntomas con la actividad.
  • Ritmo circadiano, con aparición de los síntomas por la tarde-noche.

El diagnóstico puede apoyarse en estudios neurofisiológicos, como la polisomnografia, que detecta presencia de movimientos periódicos de las piernas durante el sueño; y en antecedentes familiares de trastornos similares, con un patrón de herencia autonómico dominante.

Deben realizarse analíticas para descartar la presencia de trastornos como anemia (importante determinar niveles de hierro, ferritina, B12 y acido fólico), diabetes o insuficiencia renal.

Tratamiento

En primer lugar, es importante descartar trastornos que pueden desencadenar los síntomas y tratarlos. Así, en caso de anemia ferropénica, se iniciará tratamiento con hierro.

Un cambio en los hábitos de vida y en la higiene del sueño puede ser suficiente para controlar los síntomas. Se recomienda pues regular el horario del sueño, realizar una actividad física moderada diaria y evitar el consumo de alcohol o de bebidas que contengan cafeína.

Si el paciente está siendo tratado por otras causas con fármacos que puedan agravar el cuadro, estos han de ser suspendidos en la medida de lo posible.

En cuanto al manejo farmacológico del síndrome de piernas inquietas, en la actualidad se dispone de diferentes alternativas. Son de primera elección los fármacos que tienen acción sobre el sistema dopaminérgico, como la Dopamina o sus agonistas. Dentro de estos últimos, se prefieren los modernos agonistas no ergóticos (pramipexol, ropinirol rotigotina), frente a los ergóticos (pergolida, cabergolina, lisuride) debido a su menor tasa de efectos secundarios. En el tratamiento  largo plazo con dopamina, puede surgir un fenómeno de aumentación, que consiste en agravamiento de la sintomatología y adelantamiento de la aparición de estos.

Alternativas a los agentes dopaminérgicos son otros fármacos como la gabapentina y el valproato (fármacos que suelen utilizarse como antiepilépticos), las benzodiacepinas (clonazepan) o los opiáceos.

Recursos

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