Ir a la página principal de Technosite (Principal patrocinador de Discapnet)

Recuerdos de una abuela 

GANADORA DEL PREMIO DE RELATOS PARA MAYORES DE 65 AÑOS Y MENORES DE 18 DE DISCAPNET 2009.

Hilda Álvarez con el relato "Recuerdos de una abuela"

Eran las diez de la noche del día ocho de agosto y en aquella ciudad mediterránea el calor era agobiante. Hacia cuatro días que había llegado a casa de mi hijo y por el día no podía salir, solamente lo hacia  por la noche. Mi cuerpo no se adaptaba a aquellas temperaturas,  venía del norte de España y el cambio era demasiado radical.

La  salida de aquella noche no iba a ser como la de los días anteriores, el paseo típico para que las piernas no se atrofiasen y la rigidez no se adueñase de ellas. Esta iba a ser una salida especial. En la casa se respiraba impaciencia y nerviosismo. Las carreras se sucedían continuamente de un lugar a otro. Éramos seis personas y parecía que había veinte.

Hoy pienso que toda aquella excitación era el resultado de los meses que llevabamos esperando este día tan especial y que las dos familias, alli reunidas, tanto habíamos deseado

Después de varios días de retraso, mi primera nieta pedía venir al mundo. Se lo pedía a su madre llamando a la puerta de forma insistente; con tanta prisa que entre llamada y llamada solo pasaban cinco minutos. Y  lo hacia con tanta fuerza que la puerta chirriaba de dolor.

¡Era la hora de ir al hospital!.

Eramos seis personas las que estábamos  allí: mi hijo, mi nuera, los padres de mi nuera, mi hija y yo.   Salimos  de casa a toda prisa; cogimos los coches y nos dirigimos al hospital. Estaba cerca y en unos cinco minutos entrabamos  en aquel centro hospitalario . Los futuros padres entraron  por Urgencias, y fue alli dionde les tomaron todos los datos.
¡Sentí dolor al ver sufrir a mi nuera!.

Los demás nos quedamos en la sala de espera donde una cristalera por nos permitió verlos marchar acompańados por una enfermera hacia el  consultorio.  Esperamos alli y al cabo de unos  diez minutos  vi  regresar a  mi hijo con la ropa esterilizada que debía ponerse para asistir al milagro que en unos momentos iba a producirse. Nos dice que el Doctor les explicó que “su hija”, “mi nieta”,  estaba  próxima a nacer y que sería en un corto periodo de tiempo,
¡Iba a ser cosa de minutos!.

En aquel momento, todos nos sentimos felices  por tan extraordinaria noticia y mi hijo mostraba  la  felicidad propia del hombre que va a ser padre por primera vez, pero al mismo tiempo se le notaba muy inquieto. Se dirigió a una sala contigua para ponerse la ropa que le habian entregado porque iba acompañar, ayudar, apoyar a la compańera que eligió para  ser la madre de sus hijos y pasar a su lado el resto de la vida y presenciar el milagro junto a ella.  Era el momento mas importante de sus jovenes vidas. Su hermana y yo lo abrazamos y le dimos ánimos. Se fue a toda prisa.

Nos sentamos en la sala de espera y  en los primeros momentos de nerviosismo  tuve la sensación de que el tiempo pasaba deprisa; pero al mirar el reloj comprendi que no era así.  Llevabamos esperando solo cinco minutos. Levanté la vista y me di cuenta de que al igual que nosotros, alli habìa gente esperando noticias de sus familiares. Unos paseaban; otros tomaban un café; otros dormitaban sentados en la silla y otros hablaban en voz baja.

La conversación inicial entre nosotros empezó siendo animada, pero poco a poco se fue apagando y mis paseos empezaron a ser cada vez más frecuentes. El tiempo pasaba despacio, tanto, que todos nos ibamos poniendo nerviosos. Aquello estaba durando mucho más que lo que nos dijeron en un principio. Los silencios se hacian eternos, la boca se secaba; yo cerré mis ojos y pensé: “¿que estará pasando tras esa puerta?”.

Cada  vez que se abría  miraba con ansiedad,  pero nada, mi hijo no aparecía y cuando yo ya había perdido  la noción del tiempo que llevábamos allí   la puerta se abrió  y ví salir su figura  y   ¡lo conozco tan bien!  que al mirar a sus ojos supe que las cosas no estaban saliendo con la  facilidad que  nos habian dicho y  ¡¡ no me equivoqué!!.

Nos dice que le van a poner la “epidural” porque  la nińa se niega a salir al mundo. Me sente y en mi interior dije “¡mi nińa no te niegues a nacer que aquí tienes un montón de personas esperándote para darte amor!

En aquel momento sonó su  nombre  por la megafonía del Centro llamandole para que volviese a entrar en la sala. Sus ojos se dirigieron a los mios y vi  miedo en ellos,  cojí su mano, la apreté y le dije “¡animo, será un momento!, ... todo saldra bien!
Se alejó con paso vacilante, su mirada se poso en la mia ,y vi como en sus ojos se reflejaba el temor que en aquellos momentos sentía.. Se cerró la puerta tras él y entre nosotros no hubo  palabras.

Los silencios eran interminables, El tiempo no pasaba aunque yo mirara el reloj cada minuto. Me levantaba , daba  cortos paseos y mi mente empezó a repasar mi vida desde el momento en el que yo me encontré  en la misma situación  en la que estaba  mi nuera, con la diferencia de que yo estuve  sola en el paritorio, sin la compańía de mi marido ya que  en aquella época el padre no podía asistir al nacimiento de sus hijos y su única opción era comerse las uńas en una sala de espera, como en ese momento estabamos  nosotros.

Afortunadamente,  los tiempos cambiaron y para mejor. Y recuerdo el momentol de la llegada de mi primer hijo, hijo que ahora se encuentra en el mismo trance. Mis ojos se humedecieron recordando su vida desde aquel cinco de  enero, cuando a la hora de la Cabalgata de los Reyes Magos, su  padre y yo, recibimos el mejor regalo que hasta entonces habíamos tenido: ”nuestro primer niño•”. Recuerdo la felicidad que sentimos cuando juntos miramos su carita por primera vez en la cuna del hospital. Sonreí y seguì con mis recuerdos, fue un bebe que no dio problemas, solo su garganta nos dio algúno;  en el colegio fue un buen estudiante; ningún curso dejo una asignatura para septiembre: en la Universidad lo hizo bastante bien. Y en mi  pensamirnto apareció la imagen  del día en que presento el proyecto fin de carrera. ¡Que orgullosos nos sentimos su padre, sus hermanos y yo al oír aquella larga exposición! . Su seriedad en la explicacion, sus palabras ágiles, su gratitud hacia nosotros ante el público que presenciaba el acto...  ¡Como si unos padres necesitaran que sus hijos tuvieran que estarles agradecidos!. Y en aquel momento era  yo la que sentiá gratitud hacia él por hacerme sentir que nos consideraba una parte importante de aquel arduo trabajo del que no olvidé aún el título “Proyecto del Metroten Mieres a Sama de Langreo”.

Tambien.aquel día,  mi marido y yo, nos dimos cuenta  de  que aquel niño era ya un hombre y que pronto nos dejarìa  y asi fue. Al mes siguiente se fue a la ciudad donde yo me encontraba  ahora. Alli estaba trabajando su entonces novia , hoy su mujer. La reconversion industrial hacia que la juventud de nuestra tierra tuviera que desplazarse a otros lugares  del territorio nacional para encontrar trabajo.

Pero el tiempo seguía pasando y no teníamos noticias. Me asomè a la puerta de la calle y el cielo estaba negro. Los primeros rayos del sol no se dejaban ver todavía. Regresé a la sala y seguí con mis recuerdos: su primer diente, la primera palabra, la primera comunión, cuando nacio su hermano pequeño cuando el ya tenia once años y como le gustaba ejercer de padre. ¡Por eso su hermano siente verdadera adoracion por el!. Sus problemas de adolescente los consulta  con el. 

Me levantè para tomar un cafe de la máquina que habia en la sala de espera y de paso estirar las piernas que por la inmovilidad se me estaban quedando bloqueadas. Volvi a la silla y segui con mis recuerdos … En mis ojos empezaron a asomar  unas lágrimas al evocar el dolor que , a las personas que mas  quiero en el mundo, les  cause aquel  fatídico día, hace doce años. Había ido a una revisión médica porque  hacia un  tiempo que no me encontraba bien. El cansancio no me abandonaba de la mańana a la noche desde hacia unos dos meses y un dolor se habia instalado permanentemente en mi espalda;  mi estomago estaba deshecho de tantos antiinflamatorios y  el medico de familia había decidido mandarme al neurólogo.

Despues de esperar tres meses por la cita llego el dia de la consulta, pero tambien el momento del diagnóstico: ¡¡¡¡PARKINSON!!!!....Fue como si el mundo me cayera encima , pensé en mi familia y en como se lo comunicaría; como les diria el peso que yo echaba sobre sus vidas, ... Mi mente no entendía que a los 42 ańos  tuviera que cargar .con una cosa asi. Y tardó ańos en comprenderlo, pues por desgracia conocia bien a esta maldita enfermedad.

Recorde como al salir de la consulta del neurologo,  fuí directamente hacia la playa. No se el tiempo que estuve paseando por la orilla del agua pensando en lo que a partir de aquel momento se convertiría mi vida,  en como se lo comunicaria a mis tre hijos, a mi marido que tanto conocia esta enfermedad por haberla padecido su padre, a mis queridos padres que tanto se sacrificaron por mi hermano y por mi,  para que en aquellos tiempos llegasemos a tener unos estudios y poder llevar una vida mas facil que la suya.

Paso un tiempo y el susurro del mar me fue dando la serenidad que me hacia falta para volver a casa y dar la noticia a mi familia. Al llegar,  entre al salón y me  senté en el sofa. Pasarian mas de dos horas cuando sonó el timbre de la puerta. Eran las cuatro de la tarde y mi hijo mayor, que entonces tenía 21 ańos, llegaba de clase. Por  el sonido  del timbre  supe que era el. Me dirigì a la puerta y  jamás se borrara de mis recuerdos la expresión de su cara cuando nada mas abrirle la puerta,  pregunta ¿Qué te dijeron mama?

Creo que mi gesto le hizo ver que no era nada bueno. De mi boca no salían las palabras porque sabía el dańo que le iba a hacer mi respuesta. Sentí pena, y no por mi, sino  por el dolor  que mi contestación le iba a  hacer.  Impaciente preguntó: ¿pero que te dijo el médico?

Me  armé de valor y dije: ¡tengo Parkinson!

Hay cosas en la vida que no se olvidan y  la imagen de aquel hombre de veintiún ańos, metro ochenta de estatura, llorando abrazado a mi como cuando era un bebe y tenia miedo, es y sera una de ellas.

Estos recuerdos hicieron que de mis ojos empezaran  a caer lagrimas que no me permitieron  ver la imagen  que despacio se acercaba a nosotros. ¡Mi hijo! . Al verlo miré hacia su cara y vi  una  gran preocupación. Limpié  mis lágrimas y pregunté: ¿pasa algo?.

 Nos explicó que nuestra niña seguía sin querer dejarse ver. Que  el doctor les habia dicho  que el cordón umbilical se había enrollado por debajo de sus bracitos y solo dejaba que asomara su cabeza pero no salir a la vida. Sin embargo,  el bebé no sufría  y seguirían con el parto normal. Solo había salido a comunicárnoslo mientras ponían una segunda epidural e ell tenia que  volver  a la sala de partos. En ese momento, abrì mi bolso, saqué la cartera y cogí una imagen de papel que llevo siempre en ella, es de nuestra Santina. Se la guardé en el bolso de la camisola verde y mientras caminaba hacia la sala,  metió la mano en el bolsillo y miró lo que yo le habia puesto en él. Dio la vuelta, me mirò  y sonrió. A mi me pareció que sus pasos  tenían  mas seguridad.  La puerta se cerró y el silencio se  volvió a instalar entre nosotros.

Mis piernas estában rígidas y mis brazos empezaban a moverse por el temblor, me levanté y con dificultad por la inactividad. Salí a la calle; estaba  amaneciendo y el calor empezaba a ser insoportable; levanté la vista al cielo y, al ver las primeras luces que anunciaban el día, sentí - inexplicablemente -  en mi interior una gran  paz y mis pensamientos volvieron a mi hijo, pero ahora con la certeza interior de que todo iba a salir bien. Él  se lo merece, por ser a lo largo de sus treinta y dos  ańos, el mejor hijo que unos padres puedan desear. Desde ese momento la tranquilidad y el optimismo volvieron a mi. Di  un corto paseo por los jardines del centro hospitalario y,  cuando regresé al interior, animé a los padres de mi nuera, lo estaban pasando francamente mal ,y creo que ellos se tranquilizaron al ver mi optimismo, aunque el silencio seguia entre todos nosotros
Mi hija,  siempre alegre,  tenía una seriedad inusual  y la tristeza se veia en sus ojos. La llevé aparte y le dije: “¡tranquila, se que todo va a salir bien,  algo en mi interior me lo dice!”. De sus ojos se desprendieron unas lagrimas y me dice: “¡ojala sea asi, mama!”.  Siempre  estuvo muy unida a su hermano.

Continué  esperando  junto a la familia  pero acompańada de mis gratos recuerdos y olvidando los ingratos. Pensaba que seriá una abuela joven, que mi enfermedad de Parkinson aún me permitirá disfrutar de mi nieta; que podría tenerla en mis brazos, aunque el temblor muchas veces tratara de impedírmelo. ¡¡Esta nińa me dara fuerza para seguir haciendo frente a este parásito (yo así lo llamo) que me acompańa desde hace doce ańos. Seguiré plantándole cara cada minuto de mi vida, y  ahora tendre un motivo especial: “ver crecer a mi primera nieta” !!

Sonreí  y susurré: “Sr. Parkinson, conmigo te va a costar trabajo poder; te lo voy a poner...  no difícil,... ahora, ...¡imposible!”.
Ya lo estoy haciendo,  pero ahora tendre una motivacion mayor. ¡mi pequeña merecera eso y mucho mas! Y hare como mi amiga Gloria:  cuando se queda bloqueada:pisoton fuerte en el suelo y dice: ¡maldito Parkinson no me vencerás!.
Seguía pasando el tiempo y ya habia amanecido completamente.  Sentí dentro de mí una tranquilidad especial porque tenía la fe y la certeza de que allí dentro todo iba bien y pasados unos minutos así lo comprobé. 

Durante toda mi vida recordare la imagen que vieron mis ojos al abrirse aquella puerta, apareció la camilla con mi nuera , mi nieta y a su lado mi hijo,  con una cara de alegría que mostraba toda la felicidad que sentía en aquellos  momentos.
Todos corrieron hacia ellos,  y yo fui despacio. No se si fue egoismo o amor de madre pero lo primero que hice sin ver a mi nieta,  ni a mi nuera,  fue abrazarme a mi hijo  y romper  a llorar, pero ahora era de la  alegría que sentía en aquel momento. El me decía emocionado: “¡no llores mama!.  ¡mira que nieta tienes!” .

Entre lagrimas bese a mi nuera y mis ojos vieron la imagen mas bonita del mundo, a Paula. Así se llama mi nieta , y la emoción  que sentí y que aún siento después de un mes de su nacimiento,  cada vez que la veo, creo que no la sentí ni el día que nacieron mis hijos,...Quizás los ańos, o quizás mi compańero inseparable, Mr. Parkinson. me hacen ser mas sensible. Lo que si sé,  es  que cada vez que la miro siento la misma ternura que aquel caluroso día  del mes de agosto que vino al mundo a las siete de la mańana. Cuando la tengo en mis brazos  me olvido del Sr. Parkinson, ¿o es que mi niña no le consiente dejarse ver cuando ella esta conmigo?.  Mis manos cuando la cogen estan firmes, y no se permiten temblar.al levantarla de la cunita o al darle el biberon o al cambiarle el pañal.

Por eso esta noche, la del día de su bautizo, al llegar a casa despues de un intenso dia reunida toda la familia en torno a ella,  siento la necesidad de sentarme ante el ordenador y dejar reflejado en papel todos estos recuerdos que se encuentran vivos dentro de mí, por si debido a mi enfermedad, no pudiese - cuando Paula tenga una edad apropiada para entenderlo -  hacerle llegar a comprender todas las emociones  y el amor que  me hace sentir.

Y asi, poco a poco, fueron saliendo estas palabras que reflejan  los “Recuerdos de una Abuela”.

Abre en nueva ventana Enviar a un amigo Volver al índice